miércoles, 6 de febrero de 2013

¡Gallardía!


La tarde se trepó a mis venas
y eligió el cauce del corazón.
Por las nervaduras del devenir
enredó mi alma 
a la última ternura que le permití
a mi árbol.
Como los nenúfares
sueña la frescura del rocío.
Gime de sed que sabe a olvido.
Espera el milagroso abono del amor.

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